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La lucha de Maria da Penha: un referente contra la violencia doméstica

La brasileña quedó en condición de paraplejia después de recibir, mientras dormía, un disparo por parte de su esposo

Hace 36 años, la mujer que se convirtió en un referente de la lucha contra la violencia doméstica en Brasil ha estado usando una silla de ruedas para desplazarse. La farmacéutica Maria da Penha quedó en condición de paraplejia después de recibir, mientras dormía, un disparo en la espalda por parte de su esposo, el colombiano Marco Antonio Heredia Viveros, quién había obtenido la nacionalidad brasileña.

 

Dada la demora en concluir la investigación y en castigar al culpable, el caso fue llevado ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Mediante el Informe de Fondo No. 54/01, la CIDH consideró que la falta de juzgamiento y condena del responsable constituye un acto de tolerancia por parte del Estado de la violencia que Maria da Penha sufrió. Además, la Comisión señaló que la violación a los derechos de Maria da Penha integraba un patrón generalizado de violencia y falta de efectividad del Estado para juzgar a los agresores, lo que lo hacía incurrir en una conducta que, no sólo violaba la obligación de procesar y condenar la violencia doméstica, sino la de prevenir esas prácticas degradantes. 

 

En consecuencia, la CIDH declaró la responsabilidad del Estado brasileño por la violación a los derechos a las garantías judiciales y a la protección judicial protegidos por la Convención Americana y por los deberes establecidos en el artículo 7 de la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer “Belém do Pará”, en relación a los derechos por ella protegidos.

 

Luego de la publicación del Informe de Fondo No. 54/01 de la CIDH, Marco Antonio fue declarado culpable y condenado, luego de que transcurrieron 19 años después de que disparó contra Maria da Penha. Además, considerando que una de las recomendaciones de la CIDH fue reparar a Maria da Penha tanto material como simbólicamente, el Estado brasileño la compensó mediante una ley aprobada por la Asamblea Legislativa del estado de Ceará. Asimismo, como producto de las recomendaciones formuladas por la Comisión, el Estado ha adoptado distintas medidas estructurales dirigidas a proteger a las mujeres víctimas de violencia doméstica y a prevenir la ocurrencia de esta práctica, como la promulgación  de la Ley No. 11.340, el 7 de agosto de 2006, la cual lleva el nombre de Maria da Penha, y que ha sido reconocida como un importante mecanismo creado para combatir y prevenir la violencia doméstica contra las mujeres en Brasil. 

 

Lea a continuación el testimonio de Maria da Penha:

Mi esposo se convirtió en una persona irreconocible

 

“Marco era una persona muy querida. Después de que nacieron nuestras tres hijas y luego de que él obtuvo la ciudadanía brasileña, se convirtió en una persona irreconocible. Empezó a ser muy violento conmigo y con las niñas. Yo quería separarme, pero tenía miedo. No quería convertirme en parte de las estadísticas de mujeres asesinadas por sus ex maridos. En ese momento, no había ningún apoyo para las mujeres en esta situación.

 

Los peores días eran los fines de semana porque tenía que hacer lo posible para que las niñas no lo irritaran. Si las niñas se orinaban en el piso, las golpeaba. Si una pared se ensuciaba, también. Si una se chupaba el dedo, ataba sus manos a la cuna.

 

Rara vez, él me violentaba físicamente. Era más común que ejerciera ese tipo de violencia contra mis hijas. Conmigo, Marco ejercía violencia psicológica. Yo no sabía cómo regresaría él de su trabajo, si de buen humor o mal humor. No sabía cómo iba a despertarse. No sabía de qué se iba a quejar. Era una tortura vivir con una persona tan inestable.

 

Los vecinos me rescataron cuando me dispararon. Él nunca fue a la habitación para ver cómo me encontraba. Marco dijo que los ladrones entraron a la casa, me dispararon y que él los había confrontado. Cuando los vecinos entraron a la casa, él estaba en el suelo con una soga alrededor del cuello y su pijama rota. Entonces, ahí fue cuando llegó la policía.

 

Los vecinos me llevaron para que fuera hospitalizada y pasé dos meses en situación crítica. Cuando Marco vino a visitarme, creó una situación tan incómoda que, tan pronto como se fue, sentía que me faltaba el aliento. Sufría sin saber cómo iban a estar mis hijas.

 

Cuando me dieron de alta, Marco fue a recogerme y fuimos a Fortaleza. Tan pronto como llegamos a casa, él me dio órdenes de no recibir a amigos o parientes cuando él no estuviese presente. Mis hijas estaban sufriendo. Estaban delgadas, muy tímidas y lloraban mucho. Cuando Marco se iba a trabajar, yo podía abrazar a mis hijas. 

 

Las mujeres que trabajaban en la casa me dijeron que Marco tenía una pistola, y que estaba detrás de un mueble en nuestra habitación. Ellas lo vieron limpiando el arma. Además, me dijeron que el vecindario no había creído la explicación que él había dado de lo que me sucedió a mí, porque ya eran las 6 de la mañana cuando me dispararon. Ya había movimiento en la calle. Los vecinos escucharon el disparo y salieron corriendo, pero no vieron a nadie con una pistola en la mano, ni saliendo de nuestra casa. Sospechaban de la historia que Marco había contado. Yo también comencé a tener dudas. Esperé a que él viajara para que yo fuera a la casa de mis padres y pidiera el divorcio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 
 
 
 
 
 
Lo que tenemos hoy fue el producto de la intervención de la CIDH

 

Cuando regresó a Fortaleza, fue a buscarme en la casa de mis padres. Mi mamá, muy cautelosa, había colocado una puerta de hierro dentro de la casa. Un amigo se quedó con nosotros para que él escuchara la voz de un hombre, ya que mi padre estaba viajando en ese momento. Mi amigo le dijo a Marco que estaba armado y que, si dejaba caer la puerta, dispararía. Marco pateó la puerta y se fue.

 

El primer juicio de Marco Antonio fue realizado hasta solo en 1991. Marco fue declarado culpable y sentenciado a prisión, pero la defensa alegó irregularidades en el juicio y quedó libre. El segundo juicio fue en 1996 y Marco otra vez fue sentenciado a prisión. Nuevamente, la defensa presentó una apelación alegando irregularidades y la sentencia no se hizo cumplir.

 

Dos años después, el caso adquirió dimensión internacional. Yo, CEJIL (Centro de Justicia y Derecho Internacional) y CLADEM (Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer) presentamos una petición ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Incluso, frente a un litigio internacional que planteó una grave cuestión de violación de los derechos humanos y deberes protegidos por instrumentos que el propio Estado brasileño firmó, este último permaneció en silencio y no hizo comentarios en ningún momento durante el proceso.

 

En 2001, el Estado fue declarado responsable por parte de la Comisión por negligencia, omisión y tolerancia con respecto a la violencia doméstica contra las mujeres brasileñas. La CIDH dijo que Brasil necesitaba cambiar su legislación, invertir en educación para combatir la cultura del machismo, finalizar la investigación y el juzgamiento, y que el acusado cumpliera la sentencia que le fuese impuesta.

 

Lo que tenemos hoy fue el producto de la intervención de la CIDH. Gracias a la recomendación sobre cambios legislativos, el Estado creó la Ley ‘Maria da Penha’. Esta ley fue nombrada así en mi honor, por la contribución que hice al no renunciar a esta lucha. Esta ley se hizo en asociación con un consorcio de ONGs que trabajan este tema y formaron parte de conferencias internacionales. También fundé el Instituto Maria da Penha (IMP) en 2009, una organización no gubernamental y sin fines de lucro que promueve acciones para combatir la violencia contra las mujeres".