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"Me volví poeta, abogada, defensora: una fiera para enfrentarme contra cualquiera”

Después de la muerte de su hija, Norma Ledezma salió de la maquiladora en donde trabajaba, estudió para volverse abogada y hoy dedica su vida a defender a otras madres sin recursos financieros.

Paloma Angélica Ledezma

Este es el testimonio de Norma Ledezma, madre de Paloma Angélica Escobar Ledezma. Paloma salió de su casa para ir a la escuela en la ciudad de Chihuahua, México, y no volvió a ser vista hasta que se descubrió su cadáver el 29 de marzo de 2002. El Estado no adelantó una investigación oportuna, inmediata, seria e imparcial de su desaparición. Para el momento en que se presentó la petición a la CIDH, el caso seguía en la impunidad.

En el Informe de Fondo No. 51/13 , publicado el 12 de julio de 2013, la CIDH declaró al Estado mexicano responsable de violaciones del artículo 7 de la Convención de Belém do Pará y de los derechos a las garantías judiciales, a los derechos de los niños y niñas, de igualdad ante la ley y de protección judicial amparados en la Convención Americana, en perjuicio de Paloma Angélica y sus familiares. 

La CIDH formuló nueve recomendaciones al Estado mexicano con respecto a medidas de reparación individual para las víctimas y medidas de no repetición para combatir la violencia contra las mujeres y niñas. Los días 3 y 4 de agosto de 2011, las partes suscribieron sendos acuerdos de cumplimiento en relación con las recomendaciones formuladas por la CIDH en el caso. Estos dos acuerdos contienen 28 cláusulas en las cuales se especifican las medidas que el Estado debe adoptar para cumplir las nueve recomendaciones formuladas por la Comisión.  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Paloma trabajaba conmigo en una maquiladora en las mañanas y en la tarde estudiaba. El sábado, 2 de marzo de 2002, cuando ella tenía 16 años de edad, salió a las tres y cuarto de la tarde hacia su escuela en la ciudad de Chihuahua en donde asistía a clases de computación. A pesar de que debía volver a casa a las ocho de la noche, Paloma nunca regresó. 

Empezamos a buscarla inmediatamente en la escuela, con amistades y familiares, pero nadie sabía nada. Luego, la buscamos toda la noche en hospitales, en la Cruz Roja y con la policía. En la mañana siguiente, el 3 de marzo, fuimos a poner el reporte de denuncia en la Procuraduría General. A pesar de que aceptaron nuestra denuncia, nos dijeron que esperarían hasta que hubiesen transcurrido 72 horas desde su desaparición para buscarla. Nosotros seguimos buscando a Paloma y el miércoles acudimos nuevamente a la policía para que iniciaran su búsqueda. 

Pasaron muchos días durante los cuales seguimos buscándola. Dejamos de trabajar durante ese tiempo, fuimos a los medios de comunicación. El 18 de marzo de 2002, habíamos hablado hasta con el mismo Gobernador quien se comprometió a buscarla y localizarla. El 20 de marzo de 2002, encontraron su cuerpo sin vida.

En esa época, hace 17 años, no había fiscalía especializada, ni psicólogos o trabajadores sociales que pudieran ser parte del proceso de notificación de la muerte de Paloma. Tampoco había servicios periciales para que la identificación de su cuerpo fuera científica. Como no había protocolos de notificación ni de identificación, tuvieron que utilizar sus prendas y no una muestra de ADN.

 

Para enterarme de que Paloma fue encontrada sin vida, una agente del Ministerio Público me notificó que habían encontrado el cuerpo de una mujer sin vida y que era probable que fuera Paloma por sus características, su ropa, sus zapatos y su broche. Nadie podía mediar esta situación. Yo resistía a lo que escuchaba y decía que no podía haber sido ella. El impacto fue muy fuerte. Fue un choque. Como era un viernes de Semana Santa, las oficinas no estaban abiertas, aunque había muchas autoridades. 

Nunca me permitieron ver su cuerpo, ni siquiera en fotos.

 

Únicamente me enseñaron su ropa. En esa época, yo ignoraba completamente que tenía el derecho a ver su cuerpo y a que se realizara una prueba científica para su identificación. Solo me dijeron que no me lo enseñarían porque, como habían pasado 27 días desde su desaparición, verlo sería muy impactante. 

Quien entró a ver el cuerpo fue su papá. No era posible reconocerlo. Había algo raro y diferente a los otros cuerpos que habían encontrado sin vida. Estaba completamente vestida y peinada. Sus pies estaban conservados todavía por el frío y porque las botas los cubrieron. Fue lo único que se podía reconocer. Su rostro era irreconocible, sus manos tenían pintura de uñas. Fue por una mano y un pie que su papá pudo identificarla. Lo que determinaron con la necropsia es que la causa de la muerte fue luxación de vértebras. Fue la información que nos dieron. Por desconocimiento, recibí el cuerpo, lo sepultamos y quedamos así. 

Algunos años después, con el procedimiento ante la CIDH, logramos avances. Además, yo me preparé en criminología y me empecé a meter en el asunto de las causas de muerte. Después de algunos años, volví a ver las fotos para estudiar su causa de muerte. 

Pude ver que, entre las fotografías del cuerpo, ninguna era de sus vértebras o cervicales. En 2005, después de haber formado nuestra organización, logramos platicar con el equipo argentino de antropología forense e hicimos un convenio para investigar algunos cuerpos, a partir de lo cual se ha concluido que es imposible determinar la causa de su muerte.

Antes de la desaparición de Paloma, yo trabajaba en una maquiladora con mis dos hijos y mi esposo. Después de su desaparición, toda mi vida cambió. Mi ritmo de vida, mi visión, mi proyecto y mi sueño cambiaron completamente. 

En el funeral de mi hija, abracé su ataúd y le prometí que, si no la pude defender de quien le quitó la vida, empeñaría la mía para luchar y hacerle justicia.

 

Me quiebro un poco porque tengo su foto aquí en frente mío. Se lo prometí y, por eso, después estudié la secundaria, preparatoria y licenciatura, y fundé esta organización. Aquí en mis manos, tengo un poema que le escribí. 

Yo me volví poeta, abogada y defensora: una fiera para enfrentarme contra cualquiera, por ella y por todas las demás. De los cuatro que éramos, ahora somos dos. Me divorcié porque su papá no quiso aguantar este ritmo de vida. 

Mi hijo que, para ese momento, tenía 12 años, ahora tiene 30 años de edad y es abogado. Vivimos solos y nos dedicamos a eso cada día de nuestras vidas. Todos los días nos llegan casos. Si antes lo importante era tener una casa bonita con muchas flores y que mis nietos fueran a jugar, hoy mi proyecto de vida es luchar contra la injusticia y apoyar a las familias.

Yo estaba segura de que el conocimiento era poder. Antes, era ignorante. El Estado abusó de nuestra vulnerabilidad. Abusa de nuestra pobreza, nos ignora, nos humilla, nos minimiza, nos usa cuando quiere y simula que va a alcanzar una justicia que está lejos.

Mi especialidad es el derecho penal. A pesar de que puede ser una carrera lucrativa, por supuesto mi visión es defender a los que tienen menos, los que saben menos, ser la voz de esas madres que no tienen voz y que no tienen cómo pagar un abogado. Ahora, tenemos una estructura en la organización. Somos seis personas y yo soy la coordinadora. El nombre de la organización es “Justicia para nuestras hijas”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El trato que CIDH nos dio fue un abrazo, una bendición

Nosotros hicimos nuestra petición ante la CIDH en 2003. Fue nuestra llave y allí aprendí primero a litigar en derecho internacional. El trato y la credibilidad que nos dieron, el respeto, la sensibilidad, la escucha, el creer en nosotros fue un abrazo, una bendición. Esta petición fue la llave para poder enfrentarme a un gobierno y crear una fiscalía especializada. Ahora me reciben y me abren las puertas. Tenemos incidencia y las recomendaciones emitidas por la Comisión siguen teniendo vigencia. 

En el trámite ante la Comisión, yo me decidí por la firma de un acuerdo de cumplimiento con el Estado. Aunque algunas sentencias tendrían un impacto mayor, mi postura era clara. Yo necesitaba un resultado rápido y no podía esperar a la decisión de una corte. 

Hemos batallado mucho por el cumplimiento de las recomendaciones de la Comisión.

 

Gracias a una de las recomendaciones, hay una fiscalía especializada con su nombre. Una fiscalía no es cosa menor. Los fiscales nos consultan y, ahora, tenemos esta oportunidad para prepararlos, capacitarlos y enseñarles que el nombre de Paloma está en el edificio de la Fiscalía General de Chihuahua luego de la disculpa pública del Estado en la que estuvo presente el Gobernador y el Secretario de Derechos Humanos. 

Todas las personas que entran al edificio se encuentran con el pensamiento que le escribí a Paloma. La gente lo lee, se conmueve y llora. Aunque son 67 municipios, la Fiscalía Especializada tiene presencia apenas en seis, pero aún seguimos incidiendo para abrirlas en otros municipios. Además, hemos hecho convenios con el gobernador para poder tener programas de prevención en las escuelas.

CIDH perpetuó la memoria de Paloma

Imagínate el blindaje y la llave que han significado las recomendaciones de la Comisión. Es magnífico, no tengo palabras para agradecer el trato que la CIDH le dio a Paloma. Perpetuó su memoria. Se trata de un homenaje en ese edificio que va a estar para siempre con ella. 

Si por ella no he podido hacer justicia, muchas otras han recibido justicia por ella. Se trata de su rostro y nombre que se perpetuaron, gracias a estas recomendaciones. Paloma sigue haciendo cosas, está viva porque sigue actuando por el beneficio de otras mujeres. Seguiré luchando para que todas las Palomas vuelvan a su nido.

La Comisión emitió nueve recomendaciones. La primera y la que ha sido más difícil de cumplir es que se investigue con todos los recursos disponibles para determinar la verdad. Esta recomendación sigue vigente. Es la más importante.

 

Otra recomendación consistió en la creación de políticas públicas para atender a las mujeres víctimas de violencia, lo que ha incluido la creación de la fiscalía especializada. 

Otra recomendación consistió en la creación de políticas públicas para prevenir los delitos de violencia familiar y de género. Esa no se ha materializado todavía, pero sigue en proceso, aunque es difícil de cumplir. 

Desde el principio, nuestra familia recibió reparaciones. Incluso, tengo que reconocer que se nos ha prestado servicio médico. Por el estrés, sufro de diabetes. El servicio médico que me han dado ha cubierto todos los gastos”.

Norma Ledezma